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Definieron la pesca de foráneos como "una depredación total"

Despliegue. Oportunos operativos de la Subdirección de Fauna asesta furos golpes a los furtivos.

- 07:28 Interior

Como “una depredación total”, calificaron inspectores de Fauna de la provincia el accionar de pescadores furtivos en aguas del río Dulce, aprovechando dañinamente la bajante del caudal en el principal río de Santiago del Estero, a manos en la mayoría de los casos de sujetos de otras provincias, que llegan para diezmar los recursos locales.

El ministro de Producción, Miguel Mandrile, señaló: “Como responsables del área, a través de la Dirección de Bosque y Fauna, queremos mantener y cuidar el recurso ictícola de nuestros ríos, por eso estamos abocados a resguardar su supervivencia en época de veda, para asegurar que la pesca se practique en forma consciente y dentro de lo autorizado por ley. Buscamos que el pescador capture su presa pero que la devuelva al río inmediatamente para que no muera”.

Explicó que este trabajo “es difícil porque cuando llega el personal, los pescadores se esconden o se van, porque siempre hay ‘campanas’ que los alertan, y se dificulta encontrar in fraganti a los pescadores furtivos que vienen de Tucumán, Córdoba y otras provincias”. 

Denuncias

Al respecto, Omar Núñez, el inspector que tuvo a cargo uno de los operativos con mayor liberación de dorados vivos, describió la experiencia: “Más allá de los operativos que hacemos con frecuencia a la vera de los ríos, Dulce y Salado principalmente, a veces nos envían ubicación por GPS de dónde están los furtivos y ahí vamos puntualmente. A veces vamos con la Policía, a veces solos. Siempre llevamos un bote porque a veces están en medio del río y no los podemos sacar, tenemos que meternos al agua”.

Acerca del último operativo en el que le tocó actuar, calificó el escenario con el que se encontraron como “una depredación total”, sólo morigerada por la fortuna que tuvieron de rescatar alrededor de 200 dorados (a pesar de que rige veda para su pesca), todos de buen porte, embolsados en arpilleras hundidas en el agua, cerca de la costa para mantenerlos vivos y frescos, especialmente en días de tanto calor. Según admitieron los dos pescadores en infracción, señaló Núñez, los dorados estaban destinados a la venta para uso gastronómico. 

Depredadores cuatreros

Otro dato inconcebible aportado por Núñez y que denota el nivel de desprecio por la vida natural, los buenos usos y costumbres, la propiedad privada, la legislación vigente, y un largo etcétera, fue que en este caso (así como en muchas otras ocasiones) “quienes denunciaron fueron lugareños” perjudicados porque los mismos pescadores les habían matado animales de su ganado: “El ganado baja al río a tomar agua y ahí se los balean”, reveló. Por lo que el daño es doble: a la fauna ictícola (los peces del río) y a las cabras o vacas de los pobladores, convirtiéndose en depredadores cuatreros.

Sobre la mecánica de los operativos, explicó que luego de realizado, se labra acta de infracción, se eleva el correspondiente informe al Ministerio de Producción, se gira expediente a Asesoría Legal para que luego el fiscal se expida sobre la pertinencia y la cuantía de una eventual multa. 

Por necesidad o ambición

En cuanto a la actitud de los pescadores, Núñez diferenció: “Algunos lo hacen por necesidad, pero otros lo hacen de dañinos”, revelando la falta de conciencia sobre la imperiosa necesidad que hay de proteger las especies para que no desaparezcan como ya sucedió en otros lugares del planeta.

Sobre las prácticas más frecuentes de los pescadores furtivos, el inspector detalló: “Muchas veces entran de noche. Pero no son pescadores comunes nomás o proveedores, uno se encuentra en medio del monte con camionetas 4x4, jeeps de alta gama, de todo hay”. Muchos “no tienen permisos de pesca”, que son obligatorios, o no respetan las cantidades ni las dimensiones mínimas de piezas cobradas por pescador según la especie.

“Me han tocado casos que tengo que esforzarme por hacerles entender que hay que liberar bolsas enteras de peces muy chicos, de 10 centímetros, de bagrecitos, sábalos, son como mojarras y no entienden el daño que le hacen al río”, describe de algunas personas que “les gusta comer pescaditos fritos” y no respetan ninguna norma de protección o preservación de estas especies, por el solo hecho de darse un gusto.

“Hay gente que parece que no piensa que le tiene que dar el ejemplo a los hijos con los que van a pescar, porque en el futuro no va a haber pescado”, expresó con una mezcla de desazón e impotencia.

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