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Teoría neuropsicológica interpersonal del comportamiento suicida

- 00:40 Para vivir mejor

En los últimos años, la tasa del suicidio ha aumentado de manera significativa en varios países del mundo; sin embargo, para muchas personas esto sigue siendo un tema tabú y no están informadas ni saben identificar señales de alerta, por lo tanto, se complica la posibilidad de prevenirlo. Esto está relacionado con la poca sensibilidad que hay en muchos países acerca de la salud mental, ya que muchas veces el suicidio es una de las consecuencias de padecer algún trastorno mental que no fue tratado adecuadamente, o que nunca lo fue en absoluto. La ideación suicida es algo que puede llegar a experimentar cualquier persona, y es por eso que es importante que conozcamos del tema, sepamos qué es verdad sobre el suicidio y qué son mitos, y cómo poder ayudar a una persona que conocemos que está pasando por un momento difícil y tiene ideación o ha tenido intentos suicidas.

Características del suicidio

Las principales características comunes del suicidio son:

1. Estímulo

Lo que lleva a una persona a cometerlo es normalmente un dolor psicológico insoportable.

2. Propósito

El propósito es buscar una solución a ese dolor que siente.

3. Emoción

La persona puede experimentar diversas emociones como vergüenza, culpa y desesperanza.

4. Actitud interna

En muchos casos, el individuo presenta un sentimiento de ambivalencia en cuanto al hecho, por una parte, quiere morir para acabar con ese dolor, pero por otra espera ser rescatada; una lucha entre nuestra pulsión de vida y nuestra pulsión de muerte.

5. Meta

Parecido al propósito, la meta es terminar con la consciencia de sí mismo que carga todo el dolor psicológico.

6. Estado cognoscitivo

La persona se encuentra en un estado de constricción en el que ve como única opción el suicidio y difícilmente puede ver otras alternativas para conseguir la meta.

La prevención del suicidio: señales de riesgo

Cada persona puede expresar o comunicar su ideación suicida a su manera, ya sea de forma verbal o no verbal. Puede ser sencillo reconocerlo cuando abiertamente dice frases como “no sirvo para nada”, “ya no quiero vivir”, “todos estarían mejor si me muero”, “mi vida no tiene sentido”, entre otras; sin embargo, hay señales que no son tan fáciles de identificar y pueden pasar desapercibidas como el hecho de que la persona se vuelva más apática, que empiece con arreglos específicos para dejar “en orden” sus cosas, que tenga patrones irregulares de sueño, que se deshaga de pertenencias que aprecia, o que presente ánimo depresivo.

Cuando se realiza una intervención neuropsicológica con un paciente que tiene ideación suicida y/o que ha tenido intentos de terminar con su vida, será importante comenzar a indagar utilizando palabras o términos que hayan sido dichos por el mismo paciente, para evitar que éste se sienta juzgado o que se hagan interpretaciones incorrectas de la situación.

En estos casos, los neuropsicólogos hacen preguntas neutrales evitando que sean de crítica o de enjuiciamiento.

Con esto se puede establecer una relación de confianza paciente-terapeuta, ya que no se sentirá juzgado y sabrá que el terapeuta realmente está interesado en ayudarle.

Protocolo para evaluar la ideación suicida

Para la evaluación de la peligrosidad, será importante tomar en cuenta 3 variables:

1. Plan

¿Hasta qué punto se ha llegado lejos con la idea? Se evalúa si tiene los medios para llevarlo a cabo o cuál es la dificultad o facilidad para conseguirlos.

2. Historia de intentos previos

Se pretende saber cuántos han sido, cómo han sucedido y cómo han resultado; en cada intento aumenta la posibilidad de que sea exitoso.

3. Voluntad de hacer uso de auxiliares externos

Los pacientes solitarios suelen estar en mayor riesgo, pues no hay nadie que pueda apoyar en la contención; si el paciente es renuente a pedir ayuda, se deberá idear un plan de contingencia.

El objetivo es poder ganar tiempo para asegurar el bienestar del paciente y que se pueda llegar a un acuerdo con él.

Mitos sobre el suicidio

A pesar de que ya se han logrado cambiar algunas ideas en torno al suicidio, aún quedan algunos mitos que pueden dificultar o impedir la prevención del mismo.

Los intentos de suicidio son para llamar la atención. Las personas que realmente quieren terminar con su vida no avisan, simplemente lo hacen. Las que se suicidan son egoístas o valientes (puede cambiar la perspectiva de las personas).

Si en los medios de comunicación se da información, provoca que más personas lo hagan. El suicidio no se puede prevenir.

Los intentos de suicidio son una manifestación de desesperación, frustración y dolor psicológico; el que alguien cometa un suicidio no significa que sea egoísta o valiente, sino que refleja a una persona con un nivel de sufrimiento muy alto. Normalmente las personas “avisan” o transmiten de cierta forma su deseo de morir, aunque desafortunadamente no siempre lo percibimos y no sabemos cómo leer las señales que nos dan. La publicación de información responsable y certera en los medios de comunicación es una herramienta muy útil de prevención, porque sí, sí es prevenible el suicidio. Para pensar si algo se puede prevenir o no, primero debemos entender su significado.

El suicidio no equivale a un deseo de muerte, sino a un profundo deseo de abandonar una vida que se considera difícil o imposible de sobrellevar.

El Dr. Thomas Joiner, creador de la teoría psicológica interpersonal del comportamiento suicida, propone a través de sus investigaciones que un individuo no morirá por suicidio a menos que tenga el deseo de morir por suicidio y posea la capacidad para llevar a cabo su deseo, basado en los problemas para conectar con los demás.

Pensamientos suicidas: causas, síntomas y psicoterapia

Existe una gran cantidad de situaciones y contextos que nos pueden provocar un gran dolor; la muerte de seres queridos, la vivencia de abusos sexuales, físicos y psicológicos, la sensación de culpa ante la responsabilidad (real o no) de un hecho como un accidente de tráfico, perder todo por lo que has luchado, combatir en una guerra o la perspectiva de soportar de manera prolongada o crónica una enfermedad o trastorno invalidante (sea físico y psíquico) son algunos ejemplos. En algunos casos, el dolor sufrido es tal que la persona no es capaz de hacerle frente, sintiendo un nulo control sobre su vida y llegando a creer que no puede hacer nada para mejorar su situación. En definitiva, pierden la esperanza. En este contexto no es infrecuente que se piense en una salida definitiva para acabar con tal sufrimiento, pudiendo surgir la idea de acabar con la propia vida. Dicho de otro modo, aparecerían pensamientos suicidas.

Por el Lic. Mariano Vega Botter

Neuropsicólogo


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